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La inversión extranjera directa (IED) alcanzó los 1.3 billones de dólares en 2023, con una caída del 12% respecto al año anterior, según la UNCTAD.
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El 70% de la IED global se destinó a economías emergentes, destacando el sudeste asiático y América Latina.
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Estados Unidos y China siguen siendo los principales receptores de IED, con flujos de 285,000 y 163,000 millones de dólares, respectivamente.
En una muestra de confianza en el mercado argentino, Coca-Cola anunció una inversión de al menos 1,400 millones de dólares para los próximos cuatro años. Este desembolso, que busca fortalecer sus operaciones y responder a la creciente demanda, fue confirmado por John Murphy, presidente y CFO de la compañía, tras su reunión con el presidente de Argentina Javier Milei.
De acuerdo con La Nación, el plan de expansión de Coca-Cola, considerado uno de los más ambiciosos en Sudamérica, incluye la reactivación de la producción de envases retornables PET de 2 y 2.5 litros, así como botellas de vidrio de 1.25 litros. Con tecnología de última generación, la empresa ahora puede procesar hasta 48,000 litros por hora en múltiples formatos de empaque simultáneamente, lo que permitirá mejorar la eficiencia operativa y reducir el impacto ambiental.
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— Colapinto Liberal ᶠᵃⁿ (@ColapintoMilei) March 27, 2025
Además de modernizar su infraestructura, la compañía busca impulsar el desarrollo económico del país con la generación de empleo y nuevas oportunidades para proveedores locales. Este anuncio se enmarca en un contexto donde Argentina busca atraer inversiones extranjeras y fortalecer su sector productivo, destacando la relevancia de empresas de alcance global como Coca-Cola en la economía nacional.
En ese sentido, la inversión extranjera directa (IED) es un factor determinante en el crecimiento económico de los países, ya que impulsa el desarrollo industrial, la generación de empleo y la transferencia de tecnología. Según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), en 2023 los flujos globales de IED alcanzaron los 1.3 billones de dólares, lo que representó una caída del 12% en comparación con el año anterior debido a factores como la incertidumbre económica y las tensiones geopolíticas. Sin embargo, la inversión sigue siendo fundamental para las economías emergentes, que recibieron el 70% de estos flujos, destacando regiones como el sudeste asiático y América Latina.
El impacto de la IED es visible en múltiples sectores. En el ámbito manufacturero, países como Vietnam han utilizado estos flujos para convertirse en un centro clave de producción tecnológica, atrayendo inversiones de gigantes como Samsung y Apple, lo que ha impulsado su PIB y reducido su tasa de desempleo. En el sector energético, la inversión extranjera ha sido fundamental para el desarrollo de fuentes renovables en mercados como India y Brasil, donde empresas multinacionales han destinado miles de millones de dólares a parques eólicos y solares, contribuyendo a la transición energética global.
Las economías que logran captar mayores volúmenes de inversión suelen compartir características como estabilidad macroeconómica, políticas de apertura comercial y marcos regulatorios claros. De acuerdo con el informe World Investment Report 2023 de la UNCTAD, Estados Unidos y China continúan siendo los principales receptores de IED, con flujos de 285,000 y 163,000 millones de dólares respectivamente. Sin embargo, regiones como África han comenzado a atraer más inversiones, especialmente en sectores estratégicos como la minería y la infraestructura.
El Foro Económico Mundial señala que la inversión extranjera no solo impulsa la expansión empresarial, sino que también fomenta la innovación al facilitar la transferencia de conocimiento entre empresas locales y multinacionales. Un ejemplo de esto es el crecimiento del ecosistema de startups en India, donde la entrada de capital de riesgo extranjero ha permitido la consolidación de empresas tecnológicas que ahora compiten a nivel global.
La relación entre inversión extranjera y crecimiento económico también se evidencia en el desarrollo de infraestructura. Según el Banco Mundial, por cada 10% de incremento en la IED en un país en desarrollo, el crecimiento del PIB puede aumentar entre 1.5% y 2.5%, dependiendo de la eficiencia en la asignación de estos recursos. Países que han implementado políticas activas de atracción de inversión, como Emiratos Árabes Unidos, han logrado diversificar sus economías y reducir su dependencia de sectores tradicionales como el petróleo.
Si bien la inversión extranjera es un factor clave para el desarrollo, los países deben garantizar que estos flujos se traduzcan en beneficios sostenibles. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recomienda que las economías receptoras adopten políticas que equilibren la atracción de inversión con la protección de intereses nacionales, asegurando que los beneficios de la IED se distribuyan equitativamente y fomenten el desarrollo a largo plazo.
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