En sus inicios, la publicidad utilizaba una estrategia directa, buscaba la atenciĆ³n de los potenciales consumidores mediante mensajes dirigidos a la visiĆ³n foveal, por vĆa consciente. En los comienzos del siglo XX se entendĆa la atenciĆ³n como la acciĆ³n de orientarse hacia un estĆmulo e ignorar el resto circundante que era filtrado. Solo se consideraba la visiĆ³n focal. Esta forma de publicidad sigue existiendo, pero es cada vez menos eficaz.
DĆ©cadas despuĆ©s, se aƱadiĆ³ la visiĆ³n parafoveal al proceso de atenciĆ³n. Por ejemplo, hay alguien frente a usted y no dejan de mirarse fijamente a los ojos mientras conversan. De repente, otra persona que estĆ” sentada detrĆ”s de su interlocutor, ligeramente desplazada hacia su derecha, se frota la frente con su mano. Aun cuando usted no ha dejado de mirar en ningĆŗn momento a la persona que tiene delante, su sistema visual ha captado lo que hacĆa la otra persona, a pesar de que no tenĆa intenciĆ³n de hacerlo.
Algunos fenĆ³menos recientemente identificados en las ciencias cognitivas y las neurociencias estĆ”n permitiendo que la publicidad introduzca nuevas formas de influencia para conseguir inscribir las marcas en nuestras mentes.
Hoy sabemos que el campo visual humano no tiene dos, sino tres zonas de visiĆ³n: foveal, parafoveal y perifĆ©rica (imagen). Todas ellas nos aportan informaciĆ³n, la procesamos y son susceptibles de influirnos.
Los avances cientĆficos estĆ”n haciendo que los anunciantes consideren rentable desinvertir en publicidad directa y trasladen parte de su inversiĆ³n a nuevas formas de publicidad indirecta, enmascarada u oculta. SegĆŗn el sitio The Conversation, el proceso que utiliza la publicidad oculta comienza con hacer algo para atraer al consumidor (aportarle informaciĆ³n o entretenimiento sobre algo de su interĆ©s, es decir, se le propone algo que tiene valor en sĆ mismo para la persona). Con ello el receptor se siente atraĆdo hacia ese producto y decide iniciar su consumo. Lo que pretende anunciarse estĆ” encubierto, forma parte del escenario, pero no estĆ” en primer plano. A diferencia de lo que ocurrĆa en el emplazamiento de producto del siglo pasado, ahora, en el advertainment, el producto no necesita ser ubicado en descarados primeros planos provocando rechazo, sino en campos visuales parafoveales o perifĆ©ricos que son igualmente influyentes y no son percibidos como invasivos. Si el entorno que se presenta es atractivo y positivo, todo lo que forma parte de Ć©l tambiĆ©n lo serĆ”. El espectador, inconscientemente, es influido por el contexto y ve los aspectos positivos del producto o de la marca y los asocia con los mismos, adoptando una actitud positiva hacia dicho producto o servicio.
Conscientemente, el espectador percibe (equivocadamente) que no ha recibido un impacto publicitario. Al no darse cuenta que estaba siendo influido por la publicidad no intenta contraargumentar contra esa influencia publicitaria, por lo que los efectos de la publicidad oculta son todavĆa mĆ”s poderosos que los del siglo pasado.
Estamos expuestos actualmente a nuevas formas de influencia oculta de la publicidad a travĆ©s de fĆ³rmulas de inserciĆ³n de marcas en ambientes que nos parecen atractivos o aspiracionales y por ello nos identificamos con todos los elementos que forman parte de ellos.