El Callao, Perú.- El verano y los carnavales atrajeron una nueva tendencia que está complicando a las autoridades: las piscinas. ¿El problema? Por el calor y el hacinamiento, las colocan en las calles, entre el tránsito. Hablan de derroche de agua y de promoción de enfermedades que son transmitidas por los mosquitos.
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Las calles del principal puerto de Perú, El Callao, muestran una imagen distinta este febrero. Se trata de enormes piscinas de plástico que, por falta de espacio, se instalan en las calles de algunos de los barrios más poblados de la ciudad ubicada a 15 kilómetros al oeste de Lima.
Según el artículo publicado por AP, en algunos sectores se pueden ver “hasta diez piscinas en una misma cuadra misma porteña”. Es más, “la gente incluso celebra fiestas dentro de los enormes recipientes que almacenan hasta 6.000 litros de agua”, agrega.
“Las casas son chicas, hace un calor inmenso, en vez de bañarte en una ducha, mejor compartes ese baño en piscina con toda tu familia, acá afuera”, dijo un hombre descalzo que bebía una cerveza y se identificó únicamente como Fred, publicó 20 Minutos.
Las piscinas (o piletas) cuestan alrededor de 100 dólares y se pueden comprar en hasta 12 cuotas en casi cualquier gran tienda limeña.
Los cuestionamientos llegan desde todos lados (de hecho, varios municipios ya han prohibido colocarlas en las calles), en especial porque entorpecen el tránsito, promueven enfermedades (como el dengue o la chikungunya) y malgastan miles de litros de agua en zonas donde no abunda el vital elemento.
Más allá de prohibiciones, no cabe duda que el hacinamiento es el principal problema. Poco espacio en los hogares, muchos niños y un calor de más de 30 grados centígrados, explican la necesidad de la gente de ubicar las piscinas afuera de sus casas.