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Silvia Rincon

Habilidades de comunicaciĆ³n: saber diferenciar entre ‘opiniĆ³n’ y ‘ocurrencia’

Hace mĆ”s de 2.500 aƱos que SĆ³focles nos dejĆ³ este legado: ā€œEs tremendo tener una opiniĆ³n y que la opiniĆ³n sea falsa". Es terrible escuchar como alguien se dispone a manifestar una opiniĆ³n y comprobar que Ć©sta carece de argumentos sĆ³lidos y coherentes que la respalden.

Hace mĆ”s de 2.500 aƱos que SĆ³focles nos dejĆ³ este legado: ā€œEs tremendo tener una opiniĆ³n y que la opiniĆ³n sea falsa”. EsĀ terrible escuchar como alguien se dispone a manifestar una opiniĆ³n y comprobar que Ć©sta carece de argumentos sĆ³lidos y coherentes que la respalden.

Tanto nuestra Carta Magna, como la DeclaraciĆ³n Universal de los Derechos Humanos, dicen en sus respectivos artĆ­culos 20 y 19 que todos los hombres tienen derecho a manifestar de forma pĆŗblica o privada sus opiniones. Sobre lo que no hacen alusiĆ³n, ninguno de los dos textos, es a la necesidad de que estas opiniones estĆ©n respaldadas por argumentos que ayuden a demostrar que lo que estamos diciendo se sustenta sobre algĆŗn tipo de verdad universal que hace que nuestra opiniĆ³n sea vĆ”lida.

Para la RAE tampoco es importante que una opiniĆ³n estĆ© avalada por argumentos. SegĆŗn esta instituciĆ³n, una opiniĆ³n es un ā€œjuicio o valoraciĆ³n que se forma una persona respecto de algo o de alguienā€.

De esta forma, cualquier persona tiene el derecho a manifestar su opiniĆ³n de la siguiente manera: ā€œLas personas de raza negra son inferiores a las personas de raza blancaā€, o, ā€œLas mujeres deberĆ­an quedarse en casa limpiando y cuidando de su marido y de sus hijosā€. TambiĆ©n estarĆ­amos hablando de una opiniĆ³n si decimos: ā€œLa UniĆ³n Europea traerĆ” la ruina a todos los paĆ­ses miembrosā€, o ā€œEstados Unidos es el principal culpable del terrorismo islĆ”micoā€.

En verdad estamos cansados de escuchar manifestaciones de este tipo., porque ya lo leemos en los textos constitucionales: todos tenemos derecho a opinar lo que nos dƩ la gana y sobre lo que nos dƩ la gana.

JosĆ© Saramago decĆ­a que: ā€œLas palabras no son inocentes ni impunesā€. AdemĆ”s este escritor nos recordaba tambiĆ©n que: ā€œSi de las 84.000 palabras que tiene el castellano se usan nada mĆ”s que mil, es evidente que no sĆ³lo faltan las palabras, sino tambiĆ©n la capacidad para expresar sentimientos, ideas y opiniones”.

Y es que, efectivamente, nuestro idioma es lo suficientemente rico y extenso como para poder escoger otra palabra que sirva para hacer referencia a esas manifestaciones comunicativas que la RAE llama ā€œopiniĆ³nā€ y a travĆ©s de las cuales las personas emitimos un ā€œjuicio o valoraciĆ³n respecto de algo o de alguienā€.

Emitir un juicio o valoraciĆ³n respecto a algo o alguien no deberĆ­a tener carĆ”cter de ā€œopiniĆ³nā€ sino mĆ”s bien de ā€œocurrenciaā€. La RAE entiende por ā€œOcurrenciaā€ la manifestaciĆ³n de una ā€œidea inesperada, pensamiento, dicho agudo u original que ocurre a la imaginaciĆ³n.

Las ocurrencias son precisamente eso; cosas o pensamiento que se nos ocurren y los cuales manifestamos sin ningĆŗn pudor y sin ningĆŗn racionamiento lĆ³gico que verifique, o al menos logre dar veracidad, a lo que manifestamos a travĆ©s de nuestras opiniones.

Dar el tratamiento de opiniĆ³n a lo que realmente deberĆ­a dĆ”rsele tratamiento de ocurrencia implica que las personas no nos esforcemos en buscar argumentos lĆ³gicos y coherentes que nos ayuden a demostrar que lo que decimos tiene el mayor grado de certeza posible.

No estamos diciendo que las opiniones que manifestamos deban ser verdades demostrables empĆ­ricamente. De eso ya se ocupa la ciencia. Pero sĆ­ es necesario que nos esforcemos en aprender y en estudiar lo necesario para saber, al menos, porque opinamos lo que opinamos.

Llamar ā€œopiniĆ³nā€ a todas las ā€œocurrenciasā€ que se nos pasan por la imaginaciĆ³n estĆ” anulando nuestra capacidad de argumentar y me atreverĆ­a a decir, que hasta estĆ” anulando nuestra capacidad de pensar.

Creo que el hecho de manifestar una opiniĆ³n deberĆ­a llevar implĆ­cito una reflexiĆ³n previa sobre lo que vamos a decir. Una reflexiĆ³n que nos ayude a sustentar nuestra opiniĆ³n sobre argumentos que, si bien, no pueden llegar a ser demostrables empĆ­ricamente, sĆ­ puedan sostenerse sobre verdades, normas, creencias o valores aceptados por toda la humanidad.

Cuando nos comunicamos es importante tener esto en cuenta. A la hora de hablar con los otros, ya sea durante una conversaciĆ³n pĆŗblica o privada, es importante manifestar nuestras opiniones de una forma argumentada y recordar que las opiniones no son verdades universales, aunque a nosotros, las nuestras, nos lo parezcan y asĆ­ lo manifestemos al hablar.

No es lo mismo decir: ā€œYo sĆ© que todos los bomberos eligen esa profesiĆ³n porque sĆ³lo trabajan 3 dĆ­as por semanaā€ que decir: ā€œYo creo que todos los bomberos eligen esa profesiĆ³n porque sĆ³lo trabajan 3 dĆ­as a la semana. Eso es, al menos, los datos que publicaba ayer un periĆ³dico, en el que una encuesta decĆ­a que 3 de cada 5 bomberos reconocen elegir su profesiĆ³n porque sĆ³lo trabajan 3 dĆ­as por semanaā€.

No es lo mismo decir: ā€œEstoy convencido de que los paĆ­ses subdesarrollados siempre van a seguir existiendoā€, que decir: ā€œEs posible que los paĆ­ses subdesarrollados vayan a seguir existiendo siempre. Existen varias teorĆ­as econĆ³micas, polĆ­ticas y sociales que aseguran que los paĆ­ses subdesarrollados deben seguir existiendo para que el planeta logre un equilibrio en su abastecimientoā€.

Ni el verbo ā€œsaberā€ significa lo mismo que el verbo ā€œcreerā€, ni ā€œestar convencidoā€ es lo mismo que ā€œser posibleā€: ā€œsaber y estar convencidoā€ son palabras que demuestran pocas posibilidades de diĆ”logo y es muy probable que quienes las usen al manifestar una opiniĆ³n no estĆ©n dispuestos a aceptar la opiniĆ³n de los otros, a menos que coincida con la suya.

AdemĆ”s, existe otro principio en comunicaciĆ³n que es importante tener en cuenta cuando de manifestar nuestra opiniĆ³n se trata. Existen determinados verbos y palabras que nos ayudan a manifestar nuestras opiniones de una forma asertiva. Conviene, por ejemplo, comenzar a expresar nuestra opiniĆ³n empleando fĆ³rmulas lingĆ¼Ć­sticas como esta: ā€œEsto que voy a decir es una opiniĆ³n y en ningĆŗn caso pretendo imponer mi idea sobre la tuyaā€, o ā€œmi experiencia me dice que este asunto deberĆ­a tratarse asĆ­, si bien es cierto que es posible que existan otros caminos para resolverloā€.

Ya hemos dicho que las opiniones no son verdades absolutas, en cuanto a que no se pueden demostrar empĆ­ricamente. En realidad, muchas de nuestras opiniones son fruto de nuestras experiencias, de los valores que nos han inculcado y del conocimiento al que hemos tenido acceso.

De ahĆ­ que tengamos la posibilidad de poder cambiar de opiniĆ³n, respecto a un determinado tema, en funciĆ³n de las nuevas experiencias que vivimos, o de una revisiĆ³n de valores que llevemos a cabo o de los nuevos conocimiento que hayamos adquirido.

Cambiar de opiniĆ³n no significa que no tengamos las cosas claras. Significa que nos estamos dando el derecho de dudar y de cuestionarnos determinadas cosas que hasta el momento tenĆ­amos como ciertas. Cambiar de opiniĆ³n es muchas veces un sĆ­ntoma de crecimiento personal y un indicio de evoluciĆ³n.

Cuando en un acto de comunicaciĆ³n reconocemos ante el otro que estamos dispuestos a reconsiderar nuestra opiniĆ³n sobre un tema, estamos demostrando nuestra fortaleza y estamos demostrando que la seguridad en nosotros mismos no depende de lograr tener siempre la razĆ³n, sino que depende de acercarnos, cada vez mĆ”s, a la verdad de las cosas.
SĆ©neca decĆ­a: ā€œSi os sujetĆ”is a la naturaleza, nunca serĆ©is pobres; si os sujetĆ”is a la opiniĆ³n, nunca serĆ©is ricosā€.

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