Los últimos meses ha surgido mucha información en todo el mundo, gracias a las políticas de Donald Trump. Ahora surgió un empresario francés que lidera el boicot a Tesla y a Estados Unidos (EEUU).
En el entorno actual, caracterizado por un acceso inmediato a la información a través de las redes sociales y la capacidad de los consumidores para organizarse rápidamente, los boicots a marcas han adquirido una relevancia que va más allá de la protesta colectiva. A lo largo de la historia, las marcas han enfrentado boicots como respuesta a decisiones empresariales controvertidas, prácticas poco éticas o posturas políticas que no resuenan con las bases de consumidores leales.
Según un estudio de la Universidad de Harvard, los boicots impulsados por redes sociales pueden aumentar el alcance de la protesta en un 50 por ciento en comparación con los boicots tradicionales. Los consumidores pueden generar una presión masiva en cuestión de horas, y las marcas, aunque grandes y poderosas, no siempre están preparadas para gestionar una crisis de este tipo en el entorno digital.
De acuerdo con un informe de la consultora McKinsey, las marcas que enfrentan boicots pueden experimentar una caída de hasta un 10 por ciento en sus ingresos, dependiendo de la magnitud de la protesta.
Boicot a Tesla y a EEUU
Y es que a medida que Donald Trump asumió el cargo, las tensiones económicas con grandes bloques comerciales internacionales, especialmente con la Unión Europea (UE), comenzaron a crecer, marcando un hito en la historia de la diplomacia económica global.
Uno de los movimientos más polémicos y que sigue resonando es la imposición de aranceles a varios países, incluidos Canadá, China y la propia Unión Europea. Vale la pena mencionar que estos aranceles, diseñados por el gobierno de Estados Unidos para proteger la economía estadounidense y reducir el déficit comercial, generaron una serie de consecuencias económicas y políticas que todavía resuenan hoy.
El 25 por ciento de aranceles aplicados por Estados Unidos a los productos de la UE, inicialmente dirigidos a acero, aluminio y productos industriales, no solo afectaron la economía estadounidense, sino que también desataron una serie de represalias y ajustes dentro de Europa.
La estrategia de Trump, si bien fue un intento por reequilibrar las relaciones comerciales, se encontró con una respuesta decidida desde Bruselas. La UE, lejos de quedarse de brazos cruzados, implementa sus propios aranceles a productos icónicos de la cultura estadounidense, como los vaqueros Levi’s, el whisky escocés y las motocicletas Harley-Davidson.
Sin embargo, más allá de las represalias institucionales, lo que realmente ha marcado la diferencia en los últimos tiempos es la reacción de la sociedad civil europea, especialmente en países como Francia, donde el rechazo hacia las políticas de Trump parece haber llegado a un punto de no retorno.
Según una reciente encuesta realizada por Ipsos, cerca del 70 por ciento de los ciudadanos franceses están dispuestos a boicotear productos de origen estadounidense como una forma de protestar por los aranceles y las políticas que, a su juicio, perjudican el bienestar de Europa.
En ese sentido, se dio a conocer que Francia, como parte de la UE, ha sido uno de los países más vocales en cuanto a las políticas de Trump, pero la oposición en suelo francés ha trascendido más allá de las instituciones políticas. En este contexto, la decisión de muchos franceses de boicotear productos estadounidenses se ha convertido en un símbolo de resistencia económica. Esta actitud refleja un descontento generalizado no solo con las políticas comerciales de Trump, sino también con lo que muchos consideran un intento por parte del presidente estadounidense de imponerse sobre los intereses europeos.
Una de las historias más emblemáticas en este sentido es la de Romain Roy, director del Groupe Roy, una empresa francesa especializada en soluciones de energía solar. Roy, que hasta hace poco mantenía una relación comercial con Tesla, la empresa de Elon Musk, decidió cortar toda relación con el fabricante de vehículos eléctricos tras años de colaboración. La razón: la relación cercana de Musk con el presidente Trump, quien ocupa un papel importante en la administración de la Casa Blanca.
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