México, D.F.- Lejos de los estadios profesionales, el brillo de los reflectores y los campos de juego, existe un tipo de fútbol particular. En callejones, calles paralelas y canchas de cemento, gente común y corriente juega partidos improvisados y mete goles con pedazos de piedra, cascos de construcción o botellas de refresco, delimitando el área de juego con líneas en la arena o rayones en el pavimento.
Cada país tiene un nombre diferente para este tipo de fútbol. En Brasil se le conoce como “pelada” lo cual literalmente significa “desnuda”, y que es un término que ilustra la naturaleza de un juego desprovisto de adornos y llevado a su verdadera esencia. En los Estados Unidos se le llama “soccer de levantón”. En Trinidad, “una sudadita” y en Inglaterra “unas patadas” En México, “una cascarita”. Es la versión del juego al que puede acceder cualquier persona en cualquier lugar: el fútbol de calle.
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El domingo 2 de enero a las 21:00 horas Discovery Channel estrena, sin cortes comerciales, un documental sobre este fenómeno mundial, con un título tan simple como la naturaleza del juego: “Fútbol de calle“.
Este programa sigue a Luke y Gwendolyn, dos ex-estrellas del soccer colegial americano que no consiguieron llegar a la liga profesional. Al conocerse en el campo de juego, Luke trabajaba en una empresa de anuncios espectaculares y Gwendolyn sobrevivía gracias a una beca para escritores. No obstante, por las noches, ambos vivían su verdadera pasión, jugando partidos de uno contra uno en el estacionamiento ubicado debajo de su apartamento. Pero un buen día renunciaron de sus trabajos e iniciaron una travesía por veinte países del mundo buscando entender un fenómeno global que trasciende género, raza, religión y clase.
El programa documenta sus experiencias a lo largo de un año en un viaje repleto de historias propias y ajenas. En Bolivia, por medio de sobornos, logran adentrarse en la más notoria prisión masculina, un lugar en donde se trafica cocaína, la gente es recluida sin juicio, y los juegos de soccer se celebran constantemente en una única cancha. En la voz de un prisionero, “aquí nadie tiene nada, jugar es nuestra vida.” En Kenia, van a Mathare, el barrio marginal más antiguo de África, en donde los jugadores apuestan 20 shillings en los juegos de cada sábado. La cancha, un antiguo basurero, se encuentra ubicada justo al centro del barrio, y todo mundo asiste a ver el juego. Un fabricante de licor barato afirma que “aquí todo mundo cree que eres un borracho más, pero cuando entras al campo de juego es probable que escuches a la gente decir: “Vaya, ese tipo sí que sabe jugar.”
Desde los hombres de negocios que juegan en las azoteas de Tokio, hasta las mujeres que pastorean llamas en las montañas de Perú, pasando por octogenarios brasileños, y árabes y judíos que ocupan la misma cancha en Jerusalén pero se rehúsan a jugar en el mismo equipo, “Fútbol de calle” cuenta la historia de la gente que simple y sencillamente juega.