
Aunque sin duda pertenezco al grupo de los grinch de la navidad, resulta casi imposible evitar del todo que la mercadotecnia navideña me roce la piel. Al menos me sirve para reflexionar y hacerles estos 8 regalos “anti-digitales” a quienes generosamente me han leĂdo durante el año
Cada dĂa más, nuestras vidas cotidianas están apoyadas, asesoradas o dependen de aplicaciones mĂłviles. La velocidad con la que aparecen nuevas en el mercado es alucinante y su mercadotecnia se riega como agua de rĂo para que en cuestiĂłn de minutos ya estĂ© bajada en miles y miles de telĂ©fonos. La fuerza del asunto es tan impactante que incluso ya el desarrollo de aplicaciones digitales es una carrera que se puede estudiar.
Esta Ă©poca de teclados, likes, perfiles, videos, matchs y palomitas de recibido replantea por completo hasta el más mĂnimo detalle de nuestras formas de ser, vivir, relacionarnos, enamorarnos y hasta de sufrir. El whatsapp controla nuestras relaciones y aparecen nuevos cĂłdigos con los que hay que aprender a lidiar.
Las redes sociales, o más bien Papá Facebook, cada dĂa tiene más que ver con más aspectos de nuestra existencia. Es que tener a media humanidad pegada a sus muros es cosa seria. En Facebook –que acapara 90% de toda la audiencia digital- trabajamos, vendemos, compramos, se mantienen las amistades, se expone al mundo nuestra vida y, ese es mi caso, nos informamos.
Mientras media humanidad, actuando como robots, abriĂł sus perfiles en Papá Facebook para comunicarse con los demás -casi Ăşnicamente a travĂ©s de esta vĂa- y para hacerle saber al resto lo felices que son, siempre se ha sabido que la red social se lucra con nosotros. Claro, Papá Facebook es la caja de pandora de la mercadotecnia más grande y prĂłspera del mundo. Sin mover un dedo, millones estamos inscritos en sus filas, abriendo nuestras vidas privadas, me refiero incluso a que develamos quiĂ©nes somos, quĂ© nos gusta y quĂ© no, quĂ© pensamos, etc.
Las nuevas formas de la economĂa, que surgen con modelos como el de Uber, están cada vez más desconectadas de la formalidad de las compañĂas tradicionales, aunque están basadas esencialmente en la conexiĂłn, sĂ, Ă©sta es su columna vertebral. Estas nuevas formas de trabajar y producir dinero se han convertido, además en tema clave de debate en el mundo, con posturas muy encontradas.
SĂ, es cierto. Quizás nunca hemos sido tan nosotros mismos que cuando estamos con los ojos puestos en las pantallas-pantallitas. La relaciĂłn con Internet puede ser tan Ăntima que, sin planearlo, allĂ se evidencian nuestros intereses, fobias, miedos, preocupaciones, obsesiones, complejos, perversiones e ilusiones.
Los guardianes de la moral siempre aparecen por todos lados y, claro, se adueñan de las verdades sobre lo que está bien y mal. Pero lo que es más delicado, imponen sus fĂ©rreos principios y se cierran a cualquier relatividad u opiniĂłn distinta. Pues me refiero al caso de los hackers de Ashley Madison. SĂ, la página de “infidelidades” cuya informaciĂłn fue usurpada y sacada a la luz.
Hay noticias de noticias. Importantes, tontas, irrelevantes por completo, morbosas, angustiosas… Bueno, pues esta es ¡fantástica! El artista Nickolay Lamm diseñó una nueva barbie, lo sensacional es que se trata de una muñeca con las medidas promedio de una chica de 19 años. ¡Por fin! Y lo mejor de todo es que después de una campaña de Crowdfunding, este señor recolectó cerca de 100 mil dólares para producirla. Gracias, gracias, gracias Lamm.
Por Camila González [email protected] @GFCam Si algo es cierto es que cada dĂa estamos más conectados, aunque cada dĂa estamos más solos. SĂ, más solos
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