
No hay época más complicada que la navidad. Ir y venir. Tráfico. Compromisos. Llamadas. Listas de regalos.
Dice un reciente estudio, realizado por The Happiness Research Institute, que sin Facebook serĂamos más felices. ÂżCreen?
El cliente es libre y con seguridad eso es lo que hace que muchos opten por visitar este espacio.
Los tiempos apuntan cada dĂa más a mirarnos en conjunto y a tomar decisiones que trasciendan nuestros caprichos individuales.
Los desconectados se conectan lo justo y necesario. No son personas mayores, son nativos digitales
Los emoticones son maneras inmediatas de responder en un chat por meramente salir del paso.
La polĂtica se está haciendo en Twitter, rey de las campañas masivas. Más que nunca se hace con palabras, lo delicado es que sea con palabras falsas.
Las redes sociales han sido utilizadas, por los enemigos de la paz, como el arma de desinformación más letal que pueda tenerse idea.
El telĂ©fono a todos nos ha dado sĂşper poderes. En muchos sentidos. Ahora todos somos periodistas y hasta policĂas. Tiene su lado altruista e interesante eso de cuidarnos entre sĂ como tambiĂ©n el punto de ver más allá –mucho más allá- de las fuentes oficiales, pero el dilema que quiero poner sobre la mesa esta vez tiene que ver con una nueva industria que se nutre de empresas y transeĂşntes que graban videos de eventos, usualmente terribles, que les suceden a otros, y los venden para su “viralizaciĂłn”.
Parece que me dedicara a enumerar todos los efectos negativos de esta era digital en nuestras vidas, pero no, resulta informaciĂłn que me encuentro y que ciertamente me preocupa. Voy a hablar de los padecimientos tecnolĂłgicos, que cada dĂa nos agobian más, sobre todo porque me confieso “enferma de Internet” y puedo asegurar que una buena parte de los que me rodean tambiĂ©n sufren de alguno de estos trastornos.
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