Por Alfredo Cervera
Audiencias de millones de personas llevan la competencia olímpica más allá del deporte, para dar paso a una batalla mercadológica.
Uno de los principales problemas con que se enfrenta el Comité Olímpico Internacional (COI) en cada emisión de sus juegos es el interés de algunas marcas para promoverse a costa del evento sin aportar dinero o servicios a los mismos. A esto se le conoce como ambush marketing, un término que define toda práctica corporativa de un competidor que pretende desviar la atención del patrocinador para su beneficio. ésta abarca publicidad con temas deportivos, espectaculares alrededor de las zonas cercanas a los estadios, o incluso promociones como viajes al lugar.
Este tipo de tácticas tienen como objetivo hacerle creer al consumidor que aquellas compañías que no son patrocinadoras se encuentran asociadas con una competencia deportiva relevante. En el caso de las olimpiadas, si se toma en cuenta que tienen prohibido usar el logotipo, ciertas palabras asociadas al tema, además de mantener una constante ofensiva hacia un anunciante competidor, la manera en que se salen con la suya toma por sorpresa a todos. Las estrategias que llevan a cabo con regularidad son de cuatro tipos.